El cuerpo de texto: Cómo ajustarlo para una lectura confortable

por Gina Silva Almaguer

en Diseño Editorial, La Revista


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Un cuerpo de texto correc­ta­mente ajus­tado ayuda a que el lec­tor no sea cons­ciente del pro­ceso de lec­tura, evi­tando dis­traerlo con un ritmo des­cui­dado en los espa­cios entre letras y pala­bras, hacién­dole más atractivo.


Pro­ba­ble­mente el ele­mento de página más impor­tante en cual­quier pro­ducto edi­to­rial es el cuerpo de texto. En el caso de los dia­rios y revis­tas, donde cada página puede tener varios artícu­los con­te­niendo cada uno múl­ti­ples ele­men­tos, los lec­to­res no per­ci­ben de inme­diato si un cuerpo de texto está correc­ta­mente ajus­tado, per­ci­ben pri­mero las imá­ge­nes y los títu­los más gran­des, pero no pres­tan aten­ción al cuerpo de texto, al menos a pri­mera ins­tan­cia. Y ya durante la lec­tura eso es algo bueno, puesto que un cuerpo de texto correc­ta­mente ajus­tado debe­ría ser imper­cep­ti­ble y no inter­fe­rir en el pro­ceso de lec­tura. Debe ser “invi­si­ble” para que el lec­tor no se per­cate de dicho proceso.

En cam­bio, si el cuerpo de texto no está pro­pia­mente ajus­tado, se toma con­cien­cia de él muy pronto, ya que puede oca­sio­nar mala legi­bi­li­dad e incluso can­sar o disua­dir el inte­rés de los poten­cia­les lec­to­res. Es por ello que para noso­tros, los edi­to­res y dise­ña­do­res, este es uno de los pri­me­ros fac­to­res que debe­mos aten­der, y si el resul­tado es imper­cep­ti­ble y el lec­tor es capaz de reco­rrer sin obs­tácu­los ni “rui­dos” el con­te­nido, enton­ces sabre­mos que hici­mos un buen trabajo.

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La dife­ren­cia visual entre dife­ren­tes fuen­tes del mis­mo tama­ño (quizá difí­cil de per­ci­bir en tu dis­po­si­tivo) mues­tra que la Lyon se ve densa y el lle­nado de página (o man­cha) con esta fuente sería dema­siado oscuro. Por otro lado, Gara­mond se ve espa­ciosa y pro­du­ci­ría una página quizá dema­siado bri­llante. En este tamaño y este ajuste, Cas­lon parece ser la mejor opción, aun­que debe­mos recor­dar que lo mejor siem­pre es hacer impre­sio­nes en el papel que uti­li­za­re­mos, ya que su tona­li­dad y poro­si­dad tam­bién influ­yen de manera impor­tante este aspecto.

Eli­giendo la fuente del cuerpo de texto

Cuando esta­mos eli­giendo la fuente más ade­cuada para un cuerpo de texto, tene­mos que encon­trar la que va mejor con nues­tra publi­ca­ción. Pue­des ele­gir fuen­tes serif ya que se ha pro­bado que son una exce­lente opción para el cuerpo de texto. Algu­nas de ellas son Cas­lon, Jen­son, Chro­ni­cle, Miller, Pala­tino, Gara­mond y Goudy, por nom­brar algu­nas que han demos­trado tener el con­traste ideal en sus tra­zos, es decir, un con­traste de medio a bajo.

Y, aun­que sean muy popu­la­res, nunca debe­rías usar Didot o Bodoni o alguna fuente simi­lar para cuerpo de texto, ya que éstas no están dise­ña­das para mos­trarse en tama­ños peque­ños ni para una lec­tura extensa; el gran con­traste entre sus líneas, que van de muy grue­sas a muy del­ga­das, exi­gen más esfuerzo de la vista y pro­du­cen cansancio.

Si te deci­des por una tipo­gra­fía sans serif, pue­des ele­gir entre las clá­si­cas Hel­vé­tica, Fran­klin, Uni­vers, Gill sans, Meta o Swiss entre otras.

Aun­que muchos pre­fie­ren no usar una sans serif para el cuerpo de texto en artícu­los muy exten­sos, nadie dice que esté prohi­bido, todo depen­derá del enfo­que de la publicación.

Lo que sí es un hecho es que las fuen­tes sans serif son un poco más difí­ci­les de leer que las serif, por lo que para evi­tar pro­ble­mas de legi­bi­li­dad se reco­mienda incre­men­tar el inter­li­neado hasta 135–140% y así faci­li­tar el retorno y bajada de la vista entre cada línea.


Pro­cura ele­gir una sola fuente y úsala para el cuerpo de texto de toda la publi­ca­ción. No obs­tante, un buen recurso para exten­der las posi­bi­li­da­des expre­si­vas del texto es ele­gir dos fuen­tes: Una serif y otra sans serif, que con­vi­van bien jun­tas, de tal manera que para dife­ren­ciar el carác­ter de los con­te­ni­dos de una misma nota o artículo, como en el caso de tablas, recua­dros o notas “de color”, pue­das alter­nar entre una y otra opción.

En cual­quier caso, siem­pre debe­mos ase­gu­rar­nos de que las fuen­tes ele­gi­das pro­ven­gan de una fun­di­ción con­fia­ble, que con­ten­gan todos los sig­nos y sím­bo­los (gli­fos) nece­sa­rios para el pro­yecto y que ten­gan la mayor can­ti­dad posi­ble de varian­tes.

Tama­ños de cuerpo de texto

Cuando dise­ña­mos una revista desde cero, lo pri­mero que tene­mos que hacer una vez que cono­ce­mos su for­mato y nicho de mer­cado, es ele­gir la fuente que usa­re­mos en el cuerpo de texto y su tamaño. Y a par­tir de ahí continuamos.

No exis­ten fór­mu­las exac­tas para poder ajus­tar correc­ta­mente el cuerpo de texto por sí mis­mas. El tamaño de la fuente debe fun­cio­nar de acuerdo con el ancho de la columna, ésta a su vez con el for­mato gene­ral y el resul­tado debe ser el apro­piado para el tipo de lec­tor. Por ejem­plo, diga­mos que la mayo­ría de los lec­to­res serán adul­tos mayo­res de 60 años o niños peque­ños, por lo que para ellos el tamaño del texto debe ser más grande que el de un adulto joven.

El tamaño de un cuerpo de texto puede ir de 9 hasta 12 pun­tos (pt). Y aun­que aquí no existe el “un mismo tamaño fun­ciona para todos”, no te reco­miendo uti­li­zar pun­ta­jes debajo de 9 o arriba de 12. Los perió­di­cos y muchas revis­tas nor­mal­mente usan un tamaño entre 9 y 10 pt para el cuerpo de texto —obe­de­ciendo a la pre­mura de con­te­ner la mayor can­ti­dad posi­ble de infor­ma­ción en el menor número de pági­nas, en algu­nos casos arries­gando la lei­bi­li­dad—, pero no existe nin­guna regla que así lo dicte, pues el tamaño ele­gido tam­bién depen­derá del peso de la tipo­gra­fía, mismo que es deter­mi­nado por la variante (light, regu­lar, bold) y la altura de las X, cua­li­da­des que pue­den hacer que una fuente luzca más grande o más pequeña, más oscura o brillante.

Cuerpo de texto alineado a la izquierda con 3mm de indentado en la primera línea de cada párrafo y con líneas verticales (corondeles) en medio de cada columna.
Cuerpo de texto ali­neado a la izquierda con 12 pun­tos de inden­tado (igual que el inter­li­neado) en la pri­mera línea de cada párrafo y con líneas ver­ti­ca­les (coron­de­les) entre cada columna.

Ali­nea­ción del cuerpo de texto

Exis­ten sólo dos opcio­nes cuando se trata de ali­near el Cuerpo de texto: Ali­neado a la Izquierda o jus­ti­fi­cado a ambos lados, con la par­ti­ción de pala­bras activa. Para el cuepo de texto o texto corrido nunca debe usarse una ali­nea­ción cen­trada o a la derecha.

Casi no hay dife­ren­cias de legi­bi­li­dad entre un texto ali­neado a la izquierda y uno jus­ti­fi­cado. Si pla­neas uti­li­zar la ali­nea­ción jus­ti­fi­cada a ambos lados, debe­rás hacer ajus­tes per­so­na­li­za­dos a los valo­res métri­cos de la fuente selec­cio­nada. La ali­nea­ción a la izquierda gene­ral­mente no requiere de dichos ajus­tes a medida y tam­bién puede pro­veer de un valioso espa­cio blanco entre colum­nas, evi­tando el rígido y monó­tono aspecto hori­zon­tal que crean las colum­nas jus­ti­fi­ca­das. Esa deci­sión de estilo depen­derá, como siem­pre, de nues­tro nicho o tipo de lec­tor.

En oca­sio­nes podrás usar líneas del­ga­das para divi­dir el texto entre colum­nas ali­nea­das a la izquierda dando el efecto de que están más jun­tas, pero al uti­li­zar texto jus­ti­fi­cado esto no es nece­sa­rio, ya que las colum­nas que­dan per­fec­ta­mente ali­nea­das en ambos lados, gene­rando entre sí un espa­cio vacío vertical.

Cada párrafo de texto puede tener un inden­tado o san­gría hori­zon­tal en la pri­mera línea, pero aqué­llos párra­fos que se encuen­tra ense­guida de algún sub­tí­tulo no tie­nen que lle­varlo. Éste inden­tado debe ser de 3 a 6 mm, o más incluso, depen­diendo del ancho de las colum­nas y el tamaño de la fuente. En lugar de inden­tado, pue­des usar capi­tu­la­res al inicio de un párrafo, pero no abu­ses de ellas. Tam­poco es nece­sa­rio inden­tar el inicio de cada párrafo con una capitular.

Des­pués de que ya tie­nes el tamaño de la fuente, el inter­li­neado y la ali­nea­ción del texto idea­les, crea algu­nas colum­nas y llé­na­las con texto falso. Si uti­li­zas jus­ti­fi­ca­ción a ambos lados, activa la par­ti­ción silá­bica de pala­bras, veri­fica que estés usando el dic­cio­na­rio de acuerdo al idioma del texto y rea­liza ajus­tes finos en la rela­ción de espa­cios entre letras y entre pala­bras. Imprime una página y obsér­vala. ¿Luce dema­siado gris? ¿O es muy bri­llante? ¿Los espa­cios entre cada letra son regu­la­res y uni­for­mes? ¿Y el espa­cio entre las palabras?

Al efecto que pro­duce el con­junto de estos cui­da­dos se le llama man­cha de texto y debe ser óptima, ni muy oscura ni muy bri­llante. Si no es óptima, prueba con varia­cio­nes de tamaño y espa­ciado, crea nue­vas colum­nas con texto falso, reajusta, imprime y com­para. Observa cuá­les se per­ci­ben y leen mejor. No exis­ten reglas, el resul­tado óptimo es el que luce equi­li­brado invi­tando a su lectura.

Por último, sus­ti­tuye el texto falso por uno real, y si pue­des hacer una lec­tura fluida, sin inte­rrup­cio­nes ni moles­tias de prin­ci­pio a fin, enton­ces lo has logrado. Una lec­tura cómoda depende de la rela­ción entre el tamaño de la fuente (pun­taje), el largo de las líneas (dado por su número de carac­te­res), el espa­ciado entre ellas (inter­li­neado) y entre cada una de las letras y las pala­bras (jus­ti­fi­ca­ción), ade­más del tipo de ali­nea­ción (jus­ti­fi­cado a la izquierda o a ambos lados) y de una sepa­ra­ción silá­bica correcta (par­ti­ción); todo debe estar balan­ceado y tú eres el res­pon­sa­ble de que estos ajus­tes al cuerpo de texto sean los ópti­mos para como­di­dad del lec­tor, así que haz­los sabiamente.

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